12 de febrero de 2018

7 de febrero de 2018

El remero


Por la condición mutante de "nagareru monogatari"; "El remero" ha aparecido y desaparecido varias veces. Hoy le toca aparecer de nuevo.

Escribí este cuento de un tirón el 6 de junio de 2014. Al releerle he tenido la tentación de cambiar algunas cosas; pero finalmente he preferido dejarle tal y como fluyó; sin cambiar ni una coma. Al fin y al cabo este blog se llama "nagareru" (flujo, corriente).


El remero.

(dedicado a mi padre)

La marea sigue su curso inexorable.
La gran masa marina se mueve a impulsos magnéticos de la Luna, que impone su voluntad férrea.
El agua va ganando terreno.
Los niños ya han terminado de construir sus castillos y esperan impacientes la llegada de las olas.
Tras vencer una leve resistencia, el agua disuelve las pequeñas construcciones como terrones de azúcar.
Los niños observan el fenómeno fascinados.
Desde mi pequeño bote distingo sus risas y gritos sobre el sonido líquido de las olas.
La playa está atestada de personas que, ante el avance del mar, se ven obligadas a corregir continuamente su posición  hasta quedar apiñadas en una franja de arena cada vez más estrecha.
 Al imaginar la abigarrada mezcla de olores y voces extrañas de aquella aleatoria reunión de cuerpos desnudos, tengo una sensación desagradable. Sacudo la cabeza instintivamente para tratar de librarme de ella.
Esta acción me saca del sopor en el que estaba sumido.

. Decido recoger los aparejos y poner rumbo a puerto.
Justo a tiempo, pues en ese momento me percato de que se acerca una gran tormenta.
Remo tan rápido como soy capaz, pero no consigo evitar que antes de llegar a la bocana toda la furia del mar se me eche encima como un animal salvaje y colosal.
Yo, que conozco al mar como a un hermano; inmediatamente soy consciente del tremendo peligro.
 Mi vida se encuentra en la frontera de la muerte.
Me preparo para aceptar el previsible desenlace, pero también para la lucha.
Se que para salir vivo del trance debo echar mano de toda mi pericia, de todos mis conocimientos, de toda mi fuerza.
Los músculos se tensan, los sentidos se afilan; mi pensamiento trata de anticiparse a los movimientos imprevisibles de las olas enloquecidas.
Se que no debo cometer ningún error. Remo con una fuerza inusitada.
Estoy haciendo las cosas bien y esto hace que bajo el miedo se trasluzca una sensación placentera de legítimo orgullo.

 Finalmente consigo atravesar la barra y ponerme a salvo.

La gran victoria que acabo de lograr hace que me sienta fuerte y libre como nunca hasta entonces.
Al llegar a la altura del puerto, no me detengo, si no que decido seguir remando. No hay ninguna razón para ello; tampoco trato de encontrarla; tan solo me dejo llevar por el fuerte impulso de remar.

Pronto pierdo de vista el puerto y más tarde las últimas casas del pueblo y continúo remando río arriba.
La gente de la playa, los gritos de los niños, la tormenta, todo queda muy atrás y poco a poco se hace el silencio. Un silencio absoluto.
Los sonidos que brotan ocasionalmente de ese silencio adquieren una dimensión desconocida y mágica.
El tiempo transmuta su naturaleza.
Me sumerjo dentro de un tiempo cósmico y eterno donde se diluye todo mi pasado. Mis ideas; mis pasiones; mis traiciones; mis miedos...todo se desvanece. Todo se vuelve nada. Solo quedamos yo y el gran misterio de la vida frente a frente.
 Entonces siento una felicidad inmensa que hace vibrar cada molécula de mi cuerpo. No necesito nada. No quiero nada. Solo remar, remar...



4 de febrero de 2018

Haciendo "Omochi" en el festival del barrio




Nakabashi suji, Dotonbori, 3 de febrero 2018.


27 de enero de 2018

Músicos callejeros en Tokyo

Músicos callejeros tocando la canción popular japonesa "Quiero poner rumbo a Hawai".

Tokyo, marzo de 2012.




21 de enero de 2018

20 de enero de 2018

Autorretrato remix


Al terminar de escribir este relato he caído en la cuenta de que el final es casi idéntico al de otro que escribí hace dos o tres años que se titula "El remero". 
He intentado modificarle, pero no ha habido manera. Finalmente he llegado a la conclusión de que el cuento es como es y yo no soy nadie para andar cambiando cosas. 


Autorretrato remix
"Una odisea en el retrete"


  -¿Dónde está?.-pregunto.

-Una mujer sin rostro me señala un recipiente de acero inoxidable lleno de pulpa de aguacate que hay sobre una mesa plegable.
 
-Es esa de ahí.

 -Pero...si eso es... pulpa de aguacate...¿no?.
 
-Es ella, te lo aseguro.
 
-¿Puede escucharme?.
 
-Si claro.
 
-Bien pues...hola.
Yo...he venido a decirte... que he venido.

La mujer sin rostro se me acerca al oído y me susurra.
  -¿No puedes ser un poco más cariñoso?. Fíjate en que estado se encuentra.

Me dispongo a obedecer las indicaciones de la mujer sin rostro cuando reparo en un pequeño frasco de cristal azul cobalto que está al lado del recipiente de la pulpa de aguacate. Le cojo y leo su etiqueta. -"Universal Fortex".
 
-¡¿Has tomado Metamorfositrón?!! 
 
-Todos cometemos errores. Tercia la mujer sin rostro.

-¡Lo sabía!. Mira que te dije mil veces que el proceso es peligroso, imprevisible; sobre todo para idiotas como tú.
¡Mira que pinta tienes ahora!. Hubiera sido mejor que te hubieses convertido en una cucaracha, como el de Kafka; así habría podido aplastarte de un solo pisotón; pero de esta manera ni siquiera puedo darme ese gusto; mi chancleta se quedaría atascada dentro de esa pulpa resbaladiza y asquerosa. 
¡Eres una marrana!.
 
-¡Ahora si que te la has ganado mamón! -brama la mujer sin rostro mientras acciona el gatillo de su pistola desentrañadora.

Antes de que el rayo letal alcance mi estómago siento un dolor agudo en el brazo izquierdo que me saca de mi delirio. Un sujeto que estaba dentro del retrete, aun más borracho que yo, ha perdido el equilibrio y ha caído sobre la puerta, abriéndose esta súbitamente e impactando con la manilla en mi codo. A pesar del intenso dolor no suelto de las manos mi cámara reflex Praktica super tl 1000.

El borracho (el otro), tras varios intentos, consigue subirse los pantalones y levantarse del suelo. Desaparece de la escena dando tumbos y mascullando palabras que no entiendo. Voy tras él para cerrar la puerta del servicio que ha dejado abierta y le grito algún insulto por no haberse disculpado.

-Hay que mantener la cortesía por encima de todo;- me justifico.

Regreso al lugar en el que me encontraba antes del incidente; frente al espejo que hay sobre el lavabo.
Algún día tendré que preguntarme porque me gusta tanto hacerme fotos en los espejos de los retretes.

El fotómetro de mi Praktica me indica que debo disparar con un segundo de exposición. Demasiado para mi pulso, incluso estando sereno; aun así decido continuar.

No miro a través del visor pues quiero que en la foto aparezcan mis pequeños ojos de araña.
A ciegas, dirijo el objetivo hacia la escena tratando de conseguir un encuadre lo más aceptable posible.
Inspiro profundamente y contengo la respiración.
Me concentro en permanecer inmóvil. Transcurre un tiempo incuantificable.
De pronto me invade una extraña sensación de embriaguez distinta de la puramente alcohólica.
Muy lejos, escucho el sonido familiar del obturador de mi vieja cámara fotográfica.
Mi percepción sensorial muta y me adentro en un mundo psicodélico de colores brillantes.
No puedo ni quiero luchar. Las fuerzas me abandonan... y caigo.
Me deslizo por la pendiente sensual de un túnel profundo de tiempo cósmico.

Desde el fondo del silencio universal crece un golpeteo rítmico que escucho cada vez con más intensidad. Comprendo que son los latidos de mi propio corazón.

Todo ha desaparecido ya salvo mis ojos de araña y ese pequeño músculo rojo escondido en mi pecho moviéndose espasmódicamente;
incomprensiblemente vivo;
simple y hermoso.
Su único objetivo es latir y con cada latido genera una ola de sangre;
un anillo de tiempo;
mínimas fracciones de maravilloso tiempo;
y late...
late...

...


17 de enero de 2018

8 de enero de 2018






6 de enero de 2018